Los hechos se acumularon todos tan de golpe que no pensé que hubiese meses suficientes en ese periodo de tiempo para, de una manera, dentro de lo que cabe racional, asimilarlos. Como un robot al que le dan una orden incoherente, me pasé los días ¨ejecutando¨ planes de reformulación de mis golpeados principios. Podía cambiar de decisión 15 veces al día. Buscaba incesante nuevas formas de ver las cosas, de seguir adelante, de no bloquearme ante tal orden, de no autodestruirme.
Yo no quiero, como Watanabe, olvidarme de vivir y buscar a toda costa un ápice de felicidad en el último aliento de mi vida.