Me pasaría la vida perdida entre tus brazos, cerca de tu pecho. Y cuando tuviera hambre, me bebería la miel de tus ojos. Me balancearía en tus pestañas mientras me cuentas un cuento. Cerca de tu oído, transformaría las malas palabras en bellas. Escalaría hasta lo alto de tu cabeza para enredarme entre tus pensamientos. Bailaría al son del canon que tocan tus entrañas. Sería la plaqueta que coagula tus heridas.