viernes, 15 de enero de 2010

Enclaustrada


Si no fuera por él, no conocería el exterior. Todos los días venía a verla y le contaba noticias de fuera que la llenaban de júbilo. Sus besos y abrazos eran como ventanas hacia un mundo que jamás conocería.






Giró el pomo de la puerta. Ésta se abrió. La niña se asomó por ella. La calma y la quietud inundaban la calle. La niña puso un pie fuera, y luego el otro. El terreno parecía estable. Entonces, decidió salir a echar un vistazo. Caminó por los alrededores de la casa, sin alejarse mucho, por miedo a encontrar un fin a tan bonito escenario nunca antes inspeccionado por sus ojos.

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