SILENCIO
lunes, 22 de febrero de 2010
Oinotna
Como si de una explosión interior se tratase, la señorita de repente gritó:
¡¡ TE QUIERO !!
Al decir esto, se puso colorada, miró a su alrededor para cerciorarse de que no la había oído nadie, sonrió dulcemente para sí y prosiguió su camino.
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