En el registro de trabajos bizarros, un hombre procede a entrevistar a una mujer.
- ¿Profesión?
- Compradora de culpas
- ¿Cómo dice?
- Sí, yo compro las culpas de la gente que no es capaz de sobrellevar su carga. Es fácil. Desde, ya no recuerdo cuando, asumo las consecuencias de los actos de aquellos que no son capaces de ello, ni, muchas veces, conscientes, siquiera, de lo que hacen. Para mí se convirtió en algo normal. Y, por ello, decidí hacer de este ¨privilegio¨ un negocio. Ya no cuestiono nada, simplemente asumo.
- Interesante. Pero, ¿no es una carga demasiado pesada para, y no se ofenda, alguien tan pequeñito como usted?
- La verdad es que he de confesarle que al principio, ser culpable de tantas cosas sin haberme apenas levantado era un poco duro. No se imagina usted la cantidad de gente que se crea preocupaciones y los que, y estos son peores, jamás se responsabilizan de sus acciones. Pero te vas acostumbrando, y oye, no se vive tan mal. Y además, ahora cobro por ello.
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